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Batallón de jóvenes asiste a ancianos

Todos los jóvenes tienen en común el corazón solidario. Los domingos en lugar de pasear o compartir con sus familias, más de 90 jóvenes de Minga Guasu, Alto Paraná, dedican su tiempo a recorrer asentamientos para llevar alegría y entregar víveres y medicamentos a adultos mayores que padecen diversas enfermedades como el pie diabético.

Se trata de los voluntarios de la Fundación Despertar, cuyo nacimiento está inspirado en la rebelión de los estudiantes secundarios de 2016, y se propusieron extender sus prácticas de servicio a otras ciudades, como Pilar, Departamento de Ñeembucú, en donde 25 voluntarios también están activos, dijo Diego Ríos, presidente del ejemplar batallón.

Cuando los primeros voluntarios salieron a recorrer los asentamientos, lo hicieron en el marco de una campaña de recolección de abrigos y la necesidad real que existe los superó.

Diego se expresó acerca de una sensación de impotencia y angustia, pues en esos recorridos se toparon con muchos abuelitos en mal estado de salud a causa de la diabetes. La mayoría tenía una herida en el pie y una orden de amputación evitable.

Del total de las 250 personas asistidas por Despertar, entre adultos mayores y niños, 45 adultos son tratados por pie diabético. El 90% de las heridas se dan los talones, sanan, pero hay situaciones “mucho más feas” y los abuelos no saben a dónde recurrir porque del centro de salud se los manda a sus casas, en donde la herida sigue empeorando por falta de cuidado. Entonces sobreviene la orden de amputación, la depresión y marginación familiar.

Los voluntarios sienten impotencia al saber que hay gente que pierde parte de su cuerpo porque no tiene a dónde acudir. “No sé por qué está fallando tanto el sistema de salud, ya que los médicos con la estructura que tienen no hacen lo que nosotros hacemos y conseguimos resultados”, resaltó el titular de la fundación.

Ríos relató el caso de un adulto mayor que vivía solo y se manejaba con su silla de ruedas. Los vecinos le entregaron dos takuaras largas para que pudiera levantarse cuando deseara ir al baño. Los domingos los voluntarios van y pasan el día entero con ese abuelito. Limpian la casa, el patio, el baño y cocinan reviro, tortillas y le llevan medicamentos y hasta le dieron una silla nueva para movilizarse.

 

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